Kronika
 
Un turismo para comer todos y que no nos coman

En una mesa redonda sobre la gastronomía como reclamo turístico para Bilbo salieron a relucir las carencias y temores que genera entre las instituciones, emprendedores y los propios ciudadanos. Falta de preparación en idiomas, no saber «vender», ver el turismo como una industria, liberalización de horarios, cifras históricas de visitantes frente a la masificación y la duda de si supondrá una pérdida de identidad, fueron algunos de los temas que se abordaron.

Manex ALTUNA|2017/05/19 12:20|0 iruzkin
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Jornada sobre la atracción turística de la gastronomía celebrada en la Alhóndiga. (Luis JAUREGIALTZO / ARGAZKI PRESS)

«Bilbao, corazón y cocina de la Gastronomía Vasca. Reclamo turístico» era el título de la mesa redonda organizada por la Asociación de Periodistas Vascos en una sala de la antigua Alhóndiga. Entre los ponentes se encontraban Isabel Muela, viceconsejera de Comercio y Turismo de Lakua; Alicia Güede, empresaria agroalimentaria; Igor Cubillo, periodista y crítico gastronómico; Aitor Elizegi, cocinero, emprendedor y presidente de Bilbao Dendak; Garbiñe Naverán, agente turístico; y Arturo Trueba, vicepresidente de la Asociación y secretario general del Colegio, que hizo las labores de moderador.

Isabel Muela destacaba en su presentación que la gastronomía es la segunda motivación para visitar la CAV y aseguraba que el 40% de los visitantes repetía por esa razón. «Los turistas nos visitan por el elemento diferenciador que supone nuestra gastronomía», añadía. La viceconsejera aseguró que el turismo es una industria que supone el 6% del PIB de la CAV y que da empleo a 98.000 personas.

No tardaron en rebatir algunas de sus palabras. Alicia Güede explicó que vende productos de label vasco en cestas en una tienda en Gernika y que palpa «una gran diferencia entre lo que se dice sobre turismo y la realidad». Y es que, mientras Muela presentaba unos datos sobre los gastos que realizan los visitantes, Güede aseguraba que los turistas que llegan a Gernika visitan gratis la Casa de Juntas y el museo, pero no compran nada. «Ha habido una evolución, pero muy lenta», destacaba la empresaria agroalimentaria.

En la mesa redonda salió en varias ocasiones la idea de que la ciudadanía «no termina de creerse» los ingresos que puede generar el Turismo, a pesar de los constantes mensajes que se lanzan desde las instituciones. También se mencionó que «no sabemos vender» poniendo como ejemplo los souvenirs y productos elaborados con una mejor presencia e imagen en el Estado francés.

Idiomas

La agente turística Garbiñe Naverán ahondó en cierta medida en algunos de los hándicaps con los que se encuentran para «vender» la gastronomía como reclamo turístico. Explicó que los extranjeros buscan restaurantes de estrellas Michelin y que cuesta hacer entender que se puede comer bien en otros lugares. También mencionaba que los cocineros no hablan idiomas, lo que repercute en la espontaneidad con los clientes, y que los horarios y las costumbres para comer son distintos.

La cuestión de los idiomas volvió a salir al contar una anécdota sobre unos camareros de un bar de la plaza Nueva que no habrían sido capaces de explicar en inglés los ingredientes que llevaban los pintxos.

En este punto, el cocinero Aitor Elizegi quiso destacar que «en estos momentos tenemos la juventud más preparada que nunca».

Lo curioso era que en la mesa redonda se hablaba sobre la capacitación de los trabajadores de hostelería, sin preguntarse cuántos de los asistentes en la charla dominaban otras lenguas. Tanto como cuestionarse sobre los gustos de los turistas o lo que buscan en sus viajes sin que estén estos presentes en una charla en Bilbo y no en el extranjero, dónde tendría más sentido la «venta» del producto.

Liberalización de horarios

Tampoco se hizo demasiado hincapié en las condiciones laborales que tienen los trabajadores que dependen del turismo. Sin embargo, Muela si lanzó en su alocución una postura a favor de la liberalización de horarios de los comercios al asegurar que las compras de los visitantes aumentaban en la Rioja Alavesa ya que abrían en domingos y festivos.

Desde la asociación de comerciantes del Casco Viejo, Jon Aldaiturriaga, replicaba que existen normativas legales que hace falta regularizar y Muela respondía que es una «patata caliente» que es necesario abordar.

Pérdida de la esencia

El crítico gastronómico Igor Cubillo señaló en su intervención que en Bilbo «ya no se come tan bien». Alertaba sobre la pérdida de la esencia y ponía como ejemplo que es más fácil comer cebiche que una buena porrusalda.

Al hilo de este comentario, se mencionaron las grandes franquicias y multinacionales y se puso como ejemplo el riesgo de que en el ámbito culinario se reproduzca lo ocurrido en la Gran Vía con los comercios.

Elizegi, que ha impulsado distintos proyectos gastronómicos, reconocía que los altos precios de los mejores locales del centro de Bilbo obligan a buscarse zonas alternativas. En este sentido, apuntaba las grandes posibilidades que ofrece la Ría.

Masificación

Las fotografías difundidas en redes sociales esta Semana Santa en Gaztelugatxe también salieron a debate. Muela pidió a los medios de comunicación que no se lanzen ese tipo de mensajes ya que la «carga turística» no es cierta y dijo que pronto presentarán un estudio de la Universidad de Deusto que lo corrobora. Aseguró que este año se batirá un nuevo récord con 4 millones de visitantes, pero que la CAV no es Barcelona, ni Venecia.

La temida «invasión» de turistas y la convivencia entre locales y visitantes fueron mencionadas, además del encarecimiento de los precios. En este aspecto, Muela insistió en que el Gobierno de Gasteiz está desarrollando una campaña para atraer a turistas de un «perfil cosmopolita» y «dispuesto a pagar lo que cuestan las cosas».

Según dijo, la llegada del TAV será «clave» en ese aspecto ya que el turista podrá visitar el Guggenheim por la mañana, comer en un viñedo de la Rioja Alavesa y darse un baño en la Concha el mismo día.

Unas palabras que sonaron un poco discordantes si lo que se promueve es disfrutar de una «experiencia» para lo que hace falta tiempo y tranquilidad frente al «fast food» turístico.

Y es que, como resumía uno de los asistentes al finalizar la charla: «que no nos coman y que podamos comer todos».